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Article: Una tarde en el jardín de María Cacao

Una tarde en el jardín de María Cacao

Una tarde en el jardín de María Cacao

En el jardín donde crecí, una taza de cacao me invita a mirar el cielo, sentir mi cuerpo y escuchar lo que hay en mi corazón.

En este jardín crecí. Aquí he pasado horas mirando el cielo, y todavía hoy, cuando vuelvo, me dan ganas de hacer lo mismo: quitarme los zapatos, levantar la cara y quedarme un ratito.

Hay algo muy hermoso en volver a un lugar que te ha visto ser tantas personas. A veces pienso en la niña que fui, mirando hacia arriba, imaginándose la vida. Me gustaría sentarme junto a ella y contarle algunas cosas. O simplemente acompañarla. Mirar el cielo juntas.

Esta vez volví con cacao.

Me senté con mi taza entre las manos y dejé que su calor me llegara a los dedos. Antes de beber, me acerqué a olerlo. Me encanta ese instante: el cacao todavía en la taza, el aroma tan cerca, las ganas de dar el primer sorbo.

Alrededor estaban las flores, el pasto, la luz pasando entre las hojas. Respiré profundo para oler el jardín. Sentí el aire en la piel y el peso de mi cuerpo sobre la silla. Y pensé: qué rico estar aquí. Qué rico poder sentir todo esto.

A veces paso tanto tiempo pensando en lo que sigue que mi cuerpo se queda esperando a que vuelva. Hay pedidos, ideas, conversaciones, sueños enormes. Y yo quiero hacerlo todo. Pero esa tarde me dieron ganas de quedarme exactamente donde estaba, con los pies descalzos y la taza cerca.

Para mí, el cacao es una invitación a ese regreso. Prepararlo, olerlo, beberlo despacio me ayuda a prestar atención. A darme cuenta de cómo estoy. A escuchar lo que siento antes de querer explicarlo o resolverlo.

Y cuando digo escuchar el corazón, hablo de algo muy íntimo. De preguntarme qué me está conmoviendo, qué necesito, qué me da alegría. De dejar que aparezca una emoción y hacerle un poquito de espacio. A veces, al quedarme quieta, me doy cuenta de que traía ganas de llorar. Otras, me sorprende lo contenta que estoy.

En el jardín sentí mucha gratitud. Por estar ahí. Por el cuerpo que me permite tocar el pasto, saborear el cacao, oler una flor. Por haber crecido en ese lugar y poder volver a él con algo que amo tanto entre las manos.

Creo que ahí vive una parte de lo sagrado para mí: en estar lo suficientemente presente para sentir la vida que ya está sucediendo. En reconocer que este momento también merece mi atención, aunque tenga tantas cosas por hacer.

Me gustaría invitarte a probarlo. Preparar una taza de cacao y llevarla a un lugar donde puedas estar a gusto. Si hay flores, acercarte a olerlas. Si puedes ver el cielo, mirarlo un rato. Sentir dónde descansa tu cuerpo. Dar un sorbo y preguntarte, con cariño: ¿cómo estoy hoy?

Yo esa tarde quería quedarme un poquito más. Beber mi cacao, mirar las ramas y sentir el sol. Estaba en el jardín donde crecí, habitando mi cuerpo de mujer, con el corazón lleno de cosas que todavía quiero vivir.

Con amor,

María

Prepara tu taza de Celestial y regálate un momento para sentir.

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